SHITO RYU BUTOKU KAI MÉXICO
Ex Karatedocas generación 1972-77
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HISTORIA DE BUTOKU KAI

1a Parte.

Sensei
Pedro Moreno Cadena.
 

El México de los años 60´s,  en el inició de la década, se caracterizó por reunir una estabilidad económica y un peso estable. Representó dentro de América Latina,  una región atractiva para las inversiones privadas y el desarrollo. El mexicano de esta década poseía un carácter y temperamento particular, quizá heredado de las generaciones anteriores, ya sea desde la Revolución Mexicana, ya sea desde la Independencia de México, o ya desde el choque de dos culturas en la Conquista.  El mexicano, aguerrido por naturaleza, desde décadas pasadas mostró al Mundo a través del box, ese temperamento combativo. Entre los campeones mundiales del tiempo antiguo se destacaron Baby Arizmendi y Juan Zurita y entre los grandes peleadores que solo se coronaron nacionalmente cuentan entre muchos otros, Baby Casanova, Joe Conde y Kid Azteca y más adelante también Ricardo "Pajarito" Moreno y José Luis Ramírez. Los 50´s y 60´s representaron una época de oro del box que se mantuvo incluso por varias décadas más adelante, tal es el caso de grandes campeones como Raúl “ratón” Macías, Rubén “el púas” Olivares, Vicente “el zurdo” Saldívar y Ricardo Arredondo entre otros.

Sin embargo, aun y cuando el box representaba una válvula de escape para el mexicano, el boxeo en México prácticamente no existía a nivel amateur. El que quería boxear, inmediatamente entraba a nivel profesional, bien por necesidades económicas, bien por la fama y la gloria. La disciplina y entrega total que el box representaba, no fue vista con buenos ojos para el joven mexicano que solo buscaba saciar su sed de pegar o ser golpeado en un plano solo competitivo.

El Profesor Moreno nació y creció en un barrio peligroso e inseguro. Su adolescencia pasó vertiginosamente rápida, pues se hizo “hombre” a los escasos 13 años de edad probando el pulque, bebida más común en el barrio. Las peleas no se hicieron esperar tampoco. Entre los adolescente de esa época y colonia, alguien tenía que imponer su jerarquía. Comentaba el Profesor Moreno, que llegar a su casa todo morado de la cara y verse en el espejo, lo hacía sentir terriblemente bien!.

Pero su “boxeo” no era muy depurado y dejaba mucho que desear. Esa inquietud lo llevó a escuchar que en el Lejano Oriente existía un arte de pelear utilizando no solo las manos sino los pies. Le llamaban “el arte de pelear con la mano vacía”. Pero no se tenía evidencia real de tales argumentos. La veracidad flotaba en el viento. No fue sino hasta principios de los 60´s que se tiene la primera noticia, confirmando la existencia del karate, a través de un libro escrito en la década de los 50´s por Masutatsu Oyama. Coreano nacionalizado japonés, Oyama se puede considerar como el pionero del arte marcial comercializado en América debido a que realizo muchos combates  a nivel profesional y con una remuneración económica en los Estado Unidos.

Pero en México no había maestros ni escuelas donde practicar. No fue sino hasta dos años después de la llegada del Sensei Nobuyoshi Murata, que el karate en México despega vertiginosamente alrededor de 1960.

Corría el año de 1967, cuando el Profesor Pedro Moreno Cadena junto con su amigo Elias Libnic Berkmann se topan con el profesor Márquez, alumno de Nobuyoshi Murata,  e inician la práctica de karate tipo Okinawa.

En tres años de práctica constante, ambos obtienen el 1er Dan en Cinta Negra en ese estilo.

 En el año de 1969 se organiza el Primer Torneo Nacional de Karate organizado por la Asociación Mexicana de karate y contado con el gran apoyo de la Asociación Okinawa karate Do. La sede el Gimnasio Juan de la Barrera. Quedando como subcampeón en cintas negras, solo abajo de Olivares de Tae Kwon Do.

Entre 1970 y 1971, los profesores Pedro Moreno y Elias Libnic, pronto se dan cuenta que el estilo Shito Ryu practicado en México era un técnica muy diferentes a la que ellos practicaban. Pudieron percibir la elegancia de los básicos y formas con las que se practicaba sin descuidar la fuerza y velocidad de piernas y manos. 

Existía un gimnasio enfrente de la alberca olímpica, en  división del Norte y casi esquina Rio Churubusco. También les había informado que un Maestro japonés, alumno del Shihan Manzo Iwata (Que a la vez fue alumno del fundador de la técnica de Shito Ryu; Kenwa Mabuni), había llegado a Guatemala a impartir el estilo Shito Ryu. Este profesor de nombre Tadashi Iwamoto, venía de ganar en forma consecutiva(entre 1968 y 1970) los tres torneos más importantes  de Japón; el abierto Zona Sur, el abierto Zona Norte y el ALL JAPAN.

¿Quién era ese profesor?, querían conocerlo y aprender el estilo Shito Ryu que demasiadamente les había llamado la atención. El sensei Iwamoto después de permanecer 6 meses en Guatemala, es llamado a la Ciudad de México.

Se remodela el gimnasio de la calle de división del Norte. Y en febrero de 1972, abre sus puertas con el nombre de ASOCIACIÓN  BUTOKU KAI.

El Sensei Tadashi Iwamoto, japonés con escasos 24 años de edad y ostentando un 4º Dan,   delgado pero con espalda amplia, de estatura media, pero alta para el promedio del Japonés, pronto se encarga de “pulir” al profesor Moreno y Libnic en la esencia del Shito Ryu. Recuerda vívidamente el profesor Moreno cuando  el sensei Iwamoto le pide que le muestre su técnica. El profesor Moreno ejecuta unos movimientos básicos y una kata ante la mirada del Sensei Iwamoto. Al terminar, el profesor Moreno dirige su mirada hacia el Sensei Iwamoto esperando un comentario de aprobación, pero en su lugar, el Sensei Iwamoto, parado frente a él y con los brazos cruzados, cierra sus ojos por espacio de 5 segundos. El profesor Moreno entendió que no había sido de su agrado su técnica, y no solo eso, entendió que, requeriría de más tiempo y esfuerzo para conseguir ser un digno representante mexicano de Shito Ryu.

 Los frutos no se hicieron esperar, el profesor Moreno, había crecido en una colonia donde las peleas constituían parte de la formación de los individuos, tenía ese carácter, coraje y perseverancia. Aunque nunca había practicado bajo la tutela de un japonés, se adaptó a este nuevo reto y prontamente el prof. Moreno y Libnic recibirían su Segundo Dan de manos del Sensei  Iwamoto.

Por su excelente ubicación del gimnasio Butoku Kai, se inscriben muchos alumnos deseosos de aprender el arte marcial, aunque en ese momento no entendían a cabalidad que era la técnica Shito Ryu.

En el año de 1973, se organiza el 1er Torneo Nacional de Cintas Negras en Guadalaja. El equipo de Shito Ryu representado por las escuelas de Monterrey y Butoku Kai, y sabiendo de la rivalidad que existía entre las escuelas de karate-Do y Tae Kwan Do, no se hace esperar cuando les toca enfrentar a dos grandes exponentes de cada técnica.  En su prímer ronda, Pedro Moreno le toca competir con Isaías Dueñas de Tae Kwon Do. En el primer choque entre ambos competidores, Pedro Moreno desliza un giuku Tsuki veloz, limpio y con técnica sobre la cara de Isaias Dueñas. El juez central ordena una pausa y se despierta una controversia entre si hubo punto o no. Los jueces del estilo Koreano argumentaban que no hubo punto. Y mientras deliberan, comienza a salir sangre de la boca de Isaias Dueñas, gira bruscamente hacia atrás y cae boca a bajo knockeado. Los juecez sin saber entonces que estaba pasando y cuando por fin reaccionan, dictaminan no solo punto, sino exceso de contacto!! y Pedro Moreno es descalificado. 

 El Sensei Pedro Moreno Cadena, se dedica en esos dos años siguientes a formar grandes hombres de bien tanto en el plano competitivo como individual. Pero por cuestiones  personales, deja las instalaciones de Butoku Kai en 1975, dejando atrás un ejército de competidores de alto rendimiento en competencias nacionales e internacionales. Muchos iniciamos nuestra instrucción básica en la técnica Shito Ryu en Butoku kai con el Sensei Moreno para después de un año, pasar a una instrucción más avanzada con el Sensei Iwamoto.

 El Sensei Moreno dejo una huella imborrable en Butoku kai. Dejó atrás competencias, instrucción y entrenamiento, dedicándose a ejercer su profesión con amor, honestidad y profesionalismo. Supo discriminar, en un momento en que todavía el Karate en México estaba en ascenso, en dedicar su esfuerzo futuro a su familia y su hijo.

Fue mi primer maestro a la edad de 12 años junto con su ayudante-instructor Picazo. Y durante ese año de práctica con ellos, pude pasar fácilmente a cinta verde. Pero cuando verdaderamente lo conocí fue a los 20 años de edad gracias a otro buen amigo, Cesar Molina, que nunca dejó de perder la huella al profesor Moreno. Fue tanto mi cariño por él desde ese momento, que participo de allí en adelante en todos los momentos importantes de mi vida: Mi Graduación, Mi Boda, Los Bautizos de mi hijos, etc. Y él así mismo, permitió que me convirtiera en su “Traumatologo de Cabecera” realizándole varios procedimientos quirúrgicos y no quirúrgicos en estos últimos 15 años de vida.

Para los que tuvimos la fortuna de conocerlo, en el antes y después del karate, fue una bendición poder contar con su presencia y amistad. Como el representante más antiguo de Buto ku Kai con 75 años, sus observaciones y consejos continuaran siendo una forma de vivir para nosotros y un compromiso ineludible, al trasmitir a nuestros hijos y semejantes su pensamiento.

Lo vamos extrañar! y lloramos demasiado su pérdida. Sus anécdotas fueron increíbles, sus vivencias personales aún más. Su risa y alegría contagiosa estará siempre como un eco reverberante en las siguientes reuniones de Butokus.

Nunca olvidaremos esa frase que en competencia, esparcía a todos nosotros:

 “Entren a competir con MUCHOS HUEVOS Y CARAS DE HOMBRES y todo les resultará más fácil”.

 
 
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HISTORIA DE BUTOKU KAI

 2a Parte

 Sensei Tadashi Iwamoto
 
En agosto de 1945 un Japón exhausto y agotado por la guerra, aceptó los términos de la rendición impuesta por los aliados y, por edicto imperial, depuso las armas. Por primera y única vez, Japón fue ocupado por las tropas aliadas bajo el control de los Estados Unidos, situación que se prolongó hasta abril de 1952. Durante ese lapso, la economía japonesa estuvo casi en su totalidad paralizada con una severa escasez de alimentos, una inflación galopante y los efectos de un mercado negro generalizado. El país había perdido todos sus territorios de ultramar, su población sobrepasaba la cifra de los 80 millones, y además 6 millones de repatriados llegaban del extranjero. La demanda interna descendió con la interrupción de las compras militares y el comercio exterior se hallaba restringido por las Fuerzas de Ocupación Aliadas.
 
El pueblo japonés emprendió la tarea de reconstruir su economía devastada por la guerra y la ocupación norteamericana se ocupó sólo de desmilitarizar y democratizar la sociedad nipona. No asumió ni el costo de la reparación de los daños ni la elaboración de una política estratégica para la reconstrucción económica.
 
Dos años después del fin de la guerra, se marcan una serie de eventos trascendentales para Japón. Primero, se promulga la nueva constitución y el emperador es despojado de su poder soberano para ser reemplazado por un gabinete parlamentario. También en ese año, el General McArthur permite nuevamente la enseñanza de Karate en las escuelas. Es también en 1947 cuando Masutatsu Oyama gana el primer campeonato nacional de artes marciales de todo Japón conocido como ALL-JAPAN y también, en 1947 nace el Sensei Tadashi Iwamoto.
 
El japonés que vivió directa e indirectamente la segunda confrontación bélica más grande de la historia y la primera más sangrienta. Templó momentáneamente el espíritu combativo japonés, pero no debilitó su perseverancia ni orgullo el cual se encuentra genéticamente integrado en todo su ser. Para los nacidos en la posguerra, crecieron, en contraste con otros países, con un incentivo altísimo para la reconstrucción de su país a través del trabajo en equipo, otra particularidad del japonés. Como consecuencia de la guerra, la idiosincrasia japonesa permitió exaltar aún más, el carácter y temperamento el cual se fue reflejando en todas sus actividades de la vida diaria.
 
Los japoneses de la posguerra, lejos de desistir y dejarse vencer, lograron reafirmar sus costumbres y tradiciones que siempre los ha caracterizado a los largo de siglos de historia. El sensei Iwamoto crece rodeado de esa cultura de superación inculcada por sus padres, pero evitando al máximo ser un hombre hostil o de venganza hacia el prójimo. Debido a esto, y aunque a los tres años empieza a practicar judo en la ciudad de Kamamoto, su practica en el karate la tiene que posponer por la negativa de sus padres a practicarlo.
 
A escondidas de sus padres y con la ayuda de sus primos, hijos de un tío que tenia una escuela de Shoto Kan, inicia la practica de karate. Durante 9 años aprende lo más elemental del karate, pero no obtiene ningún grado debido a su clandestinidad. Ya en la adolescencia continuó con el judo y el karate, pero tuvo la fortuna de practicar además Kempo y Kendo por tres años.
 
Años después, Tadashi Iwamoto entra a la licenciatura en Derecho en la Universidad de Tokyo, y es ahí donde se topa con el Shihan Manzo Iwata e inicia la práctica de Shito Ryu en forma seria y dedicada. Después de tres años y medio de práctica, pronto se convierte en uno de los alumnos preferidos del Shihan Iwata y es invitado a vivir un año en su casa del gran maestro. Una distinción que el Shihan Iwata tenía hacia algunos alumnos especiales y representaba no solo enseñar karate, sino inculcar, reafirmar, adquirir, demostrar y difundir la esencia misma del Shito Ryu ya que la técnica no solo esta en el cuerpo sino también en la mente.

El lema de Kenwa Mabuni "Kunshi no Ken", significaba concentrarse en el cultivo de uno mismo para convertirse en un hombre de bien, en una persona respetuosa. Y esto se continuó con el Shihan Manzo Iwata, quién logró ejercer los buenos modales en todas las situaciones con auto-disciplina y respeto. Entre sus discípulos logró inculcar la responsabilidad en cada acto propio, para mantener la integridad y honestidad. Prueba de ello fue el Shihan Kunio Murayama quién hasta la actualidad es considerado por nosotros como un hombre de cabalidad, integridad y ejemplo viviente de los que representa el Shito –Ryu en México. 

Después de haber estado 6 meses en Guatemala, el Sensei Iwamoto llega a México en 1971, ostentando el 4º Dan en Shito Ryu y 1er Dan en Judo. Ya instalado en la escuela de Butoku Kai, el sensei Iwamoto, hombre de pocas palabras, haciendo honor a la tradición japonesa, empieza a enseñar la técnica de Shito Ryu. La elegancia, fuerza y armonía que su cuerpo mostraba en cada movimiento de básicos y katas no dejaba de sorprender a cada uno de los alumnos. Debido a que su español no era fluido, se desesperaba enseñar a cintas blancas la técnica corrigiendo una y otra vez. Decidió posteriormente, que las clases de principiantes fueran dadas por maestros mexicanos como el Sensei Pedro Moreno. Y cintas verdes en adelante, por él. Resultaba más fácil para el alumno intermedio aprender de sus movimientos y técnica al verlo ejecutar, que corregir verbalmente al alumno.

Pero el sensei Iwamoto tenía la agudeza visual para ver atributos en cada uno de sus alumnos. Fue un individuo selectivo en ese aspecto. Alumno en el que no encontrara una característica sobresaliente, simplemente no lo ayudaba, por más que éste mostrara disposición para aprender. Los que tuvieron la fortuna de ser “vistos” como un diamante en bruto, entre los que se considera su servidor, tuvo la dedicación de enseñar a su manera como combatir y hacer una kata. El combate lo aprendimos haciendo combate con él, sin ninguna corrección verbal, lo mismo sucedió con las katas; el movimiento reiterativo al ejecutar la forma una y otra vez, no terminaba hasta que él consideraba como bien ejecutada.

En lo personal, cuando me hacia ejecutar una kata, con toda la fuerza y velocidad que la kata impone. El veía hacer mi forma sentado sobre sus piernas, en el lenguaje japonés le llamamos “seisa”. En esta posición y con los brazos cruzados. Recuerdo, solo me daba tiempo de respirar profundamente hasta reponerme entre cada kata. Nunca daba más de un minuto. Mientras tanto, el cerraba solo sus ojos como analizando que parte “no le gustaba”. Transcurrido ese corto tiempo de descanso, pedía ejecutarla nuevamente con su frase, -“otra vez”. La primera vez que me tocó ser evaluado por él, después de haber realizado la kata unas 25 o 30 veces, se levantó y se retiró, dejándome pasmado y preguntándome –“ lo hice bien,  o estuvo mal y se enojo”- . Tuvieron que pasar mas de tres o cuatro ocasiones en la misma situación para darme cuenta que al levantarse y retirarse significaba que la kata estaba “perfecta”.  

Me recordaba la frase que  señala: ”Sí alguien no te lo dice o no te lo demuestra, no quiere decir que no te quiera, simplemente te quiere a su manera”, y esa era la manera de “querernos”. ¡Al fin y al cabo japonés! Este y otros ejemplos, fueron Influencias que, para bien o para mal, marcaron el carácter y personalidad en el transcurso de la vida de cada uno de nosotros.

Para nosotros el Sensei Iwamoto representó el Shito Ryu en su esencia misma. Ver ejecutar una kata, tirar un mae geri o yoko geri, simplemente era ver la elegancia en toda su expresión. Ningún maestro mexicano e incluso japonés pudo siquiera acercarse a la belleza de sus movimientos. Dice el dicho; “cuando hay amor, no ves los defectos de tu pareja”, y esto podría justificar lo que muchos veíamos en él. Sin embargo, esto estaba más allá del amor hacia tu profesor, realmente era una admiración verlo desarrollar cualquier movimiento, por que nadie lo realizaba mejor que él. Incluso en combate, nunca perdía el estilo o deformaba un movimiento al atacar o defenderse.

En lo personal, nunca me toco verlo enojado cuando realicé combate con el sensei Iwamoto, quizá por que nunca me atreví a pegarle por respeto, pero más por miedo. Sin embargo para los senseis Cesar Molina, Alfonso Castañeda y Victor Cuadros los cuales me llevaban más edad, cuando se “propasaron” ´con sus golpes o patadas en combate con el sensei Iwamoto, recuerdan tristemente que la respuesta del Sensei Iwamoto nunca fue caballerosa, incluso, sabían cuando venía esta respuesta, pues el enojo del sensei, se mostraba jalando su cinta con ambas manos con fuerza y velocidad. 

Lo más impactante del caso, era que a pesar de que sabían que el ataque era inminente, nadie podía evitarlo, esquivando, cortando a haciendose para atrás. El sensei conocía los defectos de defensa de cada uno de ellos. Quizá el más arrepentido de ellos, fue Victor Cuadros, cuando le produce un tajo de 2 cm. sobre el parpado superior con un tsuki tan veloz y quirúrgico que nunca vio ni sintió, solo la salida de sangre le advirtió que estaba cortado.

Otra anécdota del Sensei Iwamoto se dio en el área de calentamiento, donde se encontraban tres makiwaras (que era un poste de madera de 20 cm de ancho por una pulgada y media de fondo). El profesor golpeaba uno de ellos con su mae-geri, patada predilecta del Sensei, la cual ejecutaba con una técnica impresionante, pues concentraba toda la fuerza de la pelvis, cadera y miembro pélvico en la bola del pie. Después de cinco minutos de choque repetitivo, la madera cede en su punto más débil, justo debajo de donde concentraba la fuerza de impacto. Uno de los alumnos que ahí se encontraba, alcanzo a escuchar casi murmurando y con cara de extraño al sensei decir: -“ha…….esto no sirve”- mientras se acercaba a levantar la madera, acto seguido, se dio la media vuelta y se retiró. Los que se quedaron, permanecieron con cara de asombro ante tal suceso. Resultaba imposible romper esas maderas de roble, pues estaban diseñadas para resistir cualquier impacto.

Pronto llegaron a México más profesores japoneses. Los cuales mientras se  acomodaban en sus respectivos lugares asignados, se concentraban en Butoku Kai. Entrenaban con nosotros y nos enseñaban sus técnicas cada uno de ellos. Tuvimos la fortuna de convivir con los Sensei Keibun Oura, Koichi Choda, Tsigeru Takada, Koji Matsuo, Ota y
Motoki.

El Sensei Takada se fue al gimnasio de Butoku Kai Narvarte. El Sensei Choda se fue a a la Universidad Autónoma de Puebla, el Sensei Oura a UPICSA. El sensei Ota a Campeche yel sensei Matzuo y  Motoki se quedaron con nosotros.  

Del Sensei Koji Matsuo tengo un profundo cariño y respeto, ya que de todos, fue el que más “abrió” sus puertas como ser humano. A su llegada, nos convertimos en su “profesor” de español. Convivimos con él tanto dentro como afuera del gimnasio. Un hombre honorable, recto y con unos sentimientos que en ningún otro japonés pude ver. Después de unos pocos años de permanecer con nosotros, el Sensei Matsuo regresa a Japón para ya no volver. Llama la atención que todos los que fuimos sus alumnos lo recordamos con un profundo agradecimiento por no solo enseñar karate, sino por enseñarnos la humildad y respeto por el prójimo. Incluso al Sensei Iwamoto nunca escuche expresarse tan bien de otro japonés como de Koji Matsuo en la última reunion íntima que tuvimos con él.

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HISTORIA DE BUTOKU  KAI 

3a Parte.

Sempai Marco Antonio Nájera/ Sensei Cesar Molina

La Ciudad de México tenía 6,800 000 habitantes, se respiraba un aire puro en el sur de la ciudad, no existían congestionamientos y en la noche se podía observar un sin número de estrellas. Transcurría el año de 1970. A la edad de 9 años, y mientras caminaba por las calles peatonales llamadas andadores en la Unidad Villa Coapa, reiteradamente se escuchaba salir por las ventanas de las casas o departamentos, el sonido melódico y pegajoso de los Beatles interpretando su repertorio de 1964: “Love me Do”. Como la música inglesa llegaba con un retraso de meses a años, para mí los Beatles representaba la novedad del momento. Mis vecinas con 12 o 13 años de edad, repetían la misma canción una y otra vez. Era imposible no aprenderse la melodiosa canción.
 
Como un niño normal, continuamente jugaba con niños de mi edad que acaba de conocer, recuerdo vívidamente como el juego principal eran “luchas” y donde nos revolcábamos sin importar en el pasto o la tierra. De vez en cuando nos pegábamos con la mano cerrada y la mayoría de las veces las cosas no terminaban bien. Recuerdo muy bien que me gustaba pegar y recibir golpes. Pero muy a menudo, también, nos pegábamos fuerte en la cara, y esa sensación de aturdimiento que duraba unos segundos y el olor a sangre que dentro de la nariz empezaba a fluir, marcaba el momento ya sea para huir o quedarse a repartir golpes con un furor y rabia sin igual, una situación imposible de comprender, pero después de varios años, entendí que era la adrenalina la causante de esos efectos. Todo terminaba hasta que alguien de los dos agachara la cara o girara el cuerpo. Y sin decir más palabras, nos retirábamos.
 
Mis amigos mayores, que vivían en los  andadores cercanos, comentaban de ciertos individuos que iniciaban la practica de un arte marcial oriental llamado karate. Todos teníamos curiosidad por conocer a esos “super hombres”. A los 11 años tuve la “fortuna” de conocer a un amigo de mi hermano de apellido “Fuentes”, que era compañero de mi hermano en la secundaria. El practicaba Karate, no recuerdo si alguna vez mencionó a su maestro o que técnica practicaba o cuantos años llevaba practicando, pero uno de los recuerdos que se quedaron en mi mente, fue cuando mi hermano, junto con otros amigos y yo, decidimos ir al cine con esta persona. En todo el trayecto en el automóvil propiedad de mi papá, y hasta llegar al cine, todos a excepción mía, no paraban de preguntarle ¿que era el karate?,¿como se practicaba?, ¿era cierto que con un golpe podía matar a un persona?, ¿podía saltar una barda de 2 mts de altura?, ¿podía pelear con dos o tres hombres a la vez?. Quizá fantaseó un poco con nosotros, pues se sentía el centro de la atracción. Entre muchas cosas que el decía, nos señaló sus nudillos y recalcó que esa era una marca que distinguía a una persona normal de un karateca. Los nudillos del segundo y tercer dedo, tenían unas callosidades impresionantes, producto de golpear una madera que él llamaba makiwuara.
 
Yo continuaba escuchando impresionado lo que relataba “Fuentes” y sin atreverme a decir palabra alguna, pues me sentía cohibido. Y aunque no habló de superhombres o que el lo fuera, si dejaba muy en claro que el karate no era para pelear, sino únicamente para defenderse cuando fuera necesario. ¡Wow!, eso sonaba bien, ¡por primera vez me tope con la esencia del karate!
 
Pero al igual que el Sensei Pedro Moreno, no conocíamos escuelas ni profesores de karate en el sur de la ciudad. Aun y cuando la mayoría de los chicos contemporáneos, tenían una idea un tanto distorsionada de lo que era el karate, de lo que no había duda, es que todos querían practicar este tipo de combate. Muy pronto, ya tenía 12 años de edad y mi energía y temperamento era muy explosivo, las mamás, vecinas de mi andador me “alucinaban” cada que me veían pasar enfrente de sus casas. Hubo una serie de eventos reiterados por varios años de parte de su servidor, que me resulta incomodo narrar, pero justificaban totalmente el rechazo hacia mi persona por parte de los vecinos. Era muy inquieto, influenciable y tenía el potencial para crecer torcido en la vida.
 
Fue gracias a mi hermano Hector Emilio, en un intento por darle fin a esas altas energías que brotaban desde mi interior, y también, para dar solución a las constantes quejas de los vecinos hacia mí (y que le tocó a mi madre pacientemente escuchar), Se le ocurrió decirles a mis padres en mi presencia: -“Hay una escuela de karate enfrente de la Alberca Olímpica en división del norte esquina con rio churubusco”-, -“por que no vas a pedir informes y yo me encargo de pagarte tu colegiatura”. Mi padre asintió con la cabeza sin decir palabra alguna. Mi madre se quedó callada, pues no comprendía que era el karate. Pero también aceptó, no teniendo otra alternativa mejor.
 
Ni tarde ni perezoso, acudí a ese lugar a pedir informes, le explique los detalles a mi hermano y mi padre de la inscripción, mensualidad y uniforme. En diciembre de 1973 me presento a mi primera clase con una camisa y un short blanco. Para mi sorpresa, cuando subo las escaleras y me dirijo al tatami, veo que ese día hay examen para niños de cinta verde y café.-“Que mala pata”-, pensé, pero ya estaba ahí, decidí quedarme para ver el examen.
 
Primero pasaron los niños y luego los adolescentes como yo. Dos de estos últimos, posterior a realizar sus movimientos básicos, la kata y su explicación de la misma, Los profesores que realizaban el examen, deciden que realicen un combate. También es imposible no recordar ese momento, cuando ambos, uno cinta verde y el otro cinta café, se enfrascan a golpes y patadas en el combate. La elegancia de levantar la pierna tratando de dirigirla hacia la cara del contrincante, me provocó varias sensaciones nuevas para mí. Y mientras mi estomago me decía:-“que haces ahí, sal huyendo”, mi mente me decía -“eso es lo que querías, no”-.
 
Antes de entrar al karate, por influencia de los amigos, practiqué futbol, beisbol, y otros deportes de conjunto, pero en ninguno daba el ancho. No solo no brillaba, sino que mi actuación era deprimente. Mis amigos me invitaban probablemente por que no se reunían el número suficiente para hacer estos deportes, pero dentro de mí yo sabía mis limitaciones, pero las aceptaba. No fue sino hasta que llegue el karate cuando en mis primeras clases que inicie con el Sensei Pedro Moreno, me di cuenta de la facilidad que tenía para aprenderme las katas y los básicos y la velocidad para golpear a la cara con patada de lado. Una anécdota que recuerdo con agrado, fue en mis primeras clases, llevaba la tercera o quinta clase con el Sensei Pedro Moreno, y como yo ocupaba la fila de atrás por ser de los más “grandes” entre los niños de 6 años en adelante. El Sensei Moreno cuando pasaba junto a mí, dando la orden de ejercicio, se dirigía extrañado hacia mí, y me preguntaba: -“cuantas clases lleva”-, yo le contestaba: -“es mi tercera clase”-, lo chistoso de esto es que me hacia la misma pregunta en la siguiente clase y yo respondía aumentando el número de clases que llevaba. Pronto comprendí que el Sensei Moreno pensaba que yo tenía más tiempo en el Karate por la facilidad para hacer los básicos en clase y como era posible que no me identificara.
 
Mas adelante, con los pocos meses que llevaba entrenando, me toca realizar combate con el Sensei Moreno, y a los pocos segundos de iniciar el combate, este fue sorprendido por mi mawuashi geri dirigido al pómulo izquierdo de su cara. Con la velocidad que yo tenía y la elasticidad que me caracterizaba, el Sensei Moreno no pudo anticipar el golpe. Yo me moría de la pena, pero el me dio esa confianza de un gran maestro (que en la mayoría de los casos, el estudiante es golpeado por el Sensei para imponer el respeto), pero el solo pensó, “-es un niño de 12 años, no le puedo pegar”-. Veinte años después comentando ese hecho con el Sensei Moreno en una reunión, entre otras cosas recordamos ese evento. Se dirigió a mí diciendo, -“nunca en mi vida alguien me había golpeado en la cara con el pie. Eso, por supuesto lo tomé como un cumplido.
 
Mi primer examen para 8º Kyu lo realice a los 4 meses de practicar karate, en parte debido a que no fui informado oportunamente que a los dos meses debería de haberlo presentado. Por lo tanto yo estaba más que preparado a los 4 meses para realizar mi primer examen ante el Sensei Tadashi Iwamoto. Quiero hacer un paréntesis aquí. Los resultados de los exámenes en Butoku kai, se mostraban pocos días después en una cartulina blanca pegada en la pared del área de calentamiento, señalando la puntuación individual en la técnica de básicos, kata y bunkai y finalmente la puntuación global. De esta manera cualquiera podía ver en que había fallado o en que había sobresalido. Un detalle tan importante, que aun recuerdo cual fue mi sorpresa al saber que había recibido además de mi diploma, ¡una medalla y además el 7º Kyu!. ¡Dos grados en el mismo examen! Estos estímulos hoy en día siguen siendo tan importantes en la vida de las personas por que cambia el pensamiento, las actitudes y el carácter para bien. Fue tanta mi satisfacción por ese resultado, que quería recibir otra medalla nuevamente cuando presentara el examen de 6 Kyu.
 
Toda esta introducción que preparé, tiene un solo sentido. Y es precisamente, narrar el primer encuentro que tuve con el Sensei Cesar Molina Gonzalez, que en ese momento contaba con 18 años de edad y ya era cinta café.
 
Pues bien, a los 6 meses de entrenamiento presento mi examen para 6 Kyu. Al frente estaba sentado el Sensei Tadashi Iwamoto y junto con el Sensei Elias Libnic y el Sensei Pedro Moreno. En una mesa al frente de ellos, tenían los exámenes de treinta alumnos. A un lado y a su izquierda del Sensei Iwamoto, sentado en el suelo como un “perro fiel” estaba Cesar Molina, que para esas alturas, ya era considerado como “el hijo prodigio” del Sensei Iwamoto.
 
Después de pasar los niños, nos toca a los de 12 años pasar al frente. Recuerdo que mi kata, la explicación y los básicos los realice con toda la fuerza y velocidad que podía otorgar en ese momento. Habiendo todos acabado, me indican realizar combate con otro compañero. Debido a que continuaba estimulado en el examen por recibir otra medalla, después del saludo entre ambos contrincantes, me lanzo hacia mi oponente con una patada abajo para desestabilizar su posición (ashi barai) e inmediatamente le envío una patada a la cara (mawuashi geri) cayendo noqueado al piso. Recuerdo que gire la cabeza para ver la reacción de los Senseis y alcancé a ver una risa forzada de todos como aguantando ser más expresivos. Pero inmediatamente el Sensei Iwamoto giro la cabeza hacia abajo y su izquierda, dirigiéndose a su “perro” y le ordena; “-¡Molina, combate!”- ”. ¡trágame tierra!, -“voy a realizar combate con un cinta café de 18 años”. Hasta ese momento no conocía a Cesar Molina, pero quién quiera que sea, debía ser muy bueno como para estar sentado al lado del Sensei Iwamoto. Estaba consciente de lo ocurrido, sabía que no estaba bien. El noquear a mi compañero de clase en el examen me generaba una gran pena y sobre todo por que ahí se encontraban sus papas y hermanos presenciando el examen, todos estaban serios con una cara de confusión, pero el papá mostraba claramente una cara de enojo.
 
Por unos segundos, a la voz del Sensei Iwamoto de: -“Molina, Combate”-, él se paró inmediatamente como resorte diciendo; ¡hai Sensei!, yo por mi parte, quise pedir disculpas, quise decir algo como…….. ¡lo siento!…….pero también quería salir corriendo……y finalmente, permanecí congelado de pie. Me di cuenta que tenía que enfrentar una golpiza por parte del sempai Molina (Alumno avanzado). Sabía que no podía con un hombre que me llevaba 6 años y más experiencia, nunca había hecho combate con una persona mayor que yo.
 
Al saludo entre ambos, y a la voz de hajime!, me quede parado en mi lugar en posición de combate, esperando recibir su golpes de ataque. El se fue acercando poco a poco y cuando estuvo a una distancia cerca, me dijo en voz baja y relajada, de tal manera que nadie más lo escuchara: -“adelante…….atacame”- Procedí a atacarlo pero con una desconfianza total, por que aun no salía del shock, pero en el desarrollo del combate, no solo no me hizo daño, si no que tampoco me atacó, solo dejó que yo intentara alcanzarlo y golpearlo, cosa que no hice en ningún momento. Finalmente a la voz de yame! acabo el combate y el examen.
 
 Y yo……..ahí, un tanto confundido, un tanto sorprendido y un tanto relajado por que no había sido lesionado en mi persona…………..conocí al que sería un compañero de karate por los 12 años siguientes, un compañero con una dedicación total  a este arte, un compañero que decidió hacer un pacto con la vida de dedicar todos sus esfuerzos y alma a enseñar esta disciplina tal y como Kenwa Mabuni lo quería, y como Manzo Iwata y Tadashi Iwamoto le inculcaron y reforzaron….un compañero que me influenció por el camino del bien, no con palabras sino forzandome a estar en Butoku Kai muchas  horas practicando karate y alejándome cada vez más de las malas influencias. Y esto tuvo sus frutos. Al año de estar practicando karate, a los 13 años de edad, el Sensei Iwamoto me manda llamar para otorgarme una Beca. Ya no pagaría mas colegiaturas!. Una solo condición me pidió, apoyar al Sempai Molina (a la partida del Sensei Pedro Moreno),  en las clases de karate de los niños.
 
Esta convivencia sana, alejado de las drogas o el alcohol en un adolescente como yo y en un adulto como él, desarrollo al máximo nuestras capacidades de cada uno en el karate, no solo la disciplina, sino también los reflejos, la velocidad, la fuerza, la resistencia y la elasticidad que hacen del karate uno de los ejercicios mas completos en el Mundo. Aunque compartimos muchos momentos de gloria en kata y combate en equipo, en forma individual  el Sensei Molina obtuvo muchas distinciones a nivel Nacional e Internacional como presentaremos en la siguiente narración. 

De madre cubana y padre mexicano, el Sensei Molina creció rodeado de mujeres, pues sus cuatro hermanas, mayores que él, siempre procuraron cuidarlo y mimarlo como el menor de la casa. Pero también procuraron mantenerlo activo a través del deporte. Desde su niñez hasta su adolescencia, practico natación, base ball, básquet ball, volley ball y foot ball americano, mostrando facilidad en cada uno de ellos. Sus hermanas también practicaban deporte, en especial su hermana cecilia, la cual gustaba del volley ball.
 
Su primer encuentro con el Karate fue a los 17 años, cuanto sus vecinos, dos hermanos que  practicaban Karate do en la escuela Okinawa del Prof. Antonio Márquez (y que se encontraba en la Av. Coyoacán), en plena banqueta y rodeados de transeúntes que por esa calle circulaban, levantaban sus pies a la cabeza del otro marcando la patada. Estas exhibiciones callejeras por parte de los que iniciaban este arte, no dejaban de sorprender a todo aquel que deambulara por la calle. Y  Cesar Molina, no era la excepción.
 
Su hermana Cecilia era seleccionada nacional en volley ball, por lo que algunos entrenamientos los realizaba en Gimnasio Olímpico “Juan de la Barrera”. En una ocasión, cuando la acompaño, se percato del Gimnasio que se encontraba en frente. Con letras en grande, se leía: “Butoku Kai AC, Judo y karate”. Se dirigió al número 1250 de la calle División del Norte y preguntó por el costo y los horarios.
 
Dentro del paquete de informes de la inscripción y mensualidad, el tríptico mostraba una breve introducción de lo que era el karate, su historia y algunas palabras en japonés. Era indudable, que el Lic. Elias Libnic, como buen judío, no se le pasaba ningún detalle para animar al profano a estudiar karate.
 
Llegando a su casa, El Sensei Molina,  le comentó a su papá el deseo por entrenar. Y entre él y su hermana Ceci, aceptaron pagar su mensualidad e inscripción. Con la ilusión de un joven que terminaba la adolescencia, se fue a inscribir y empezó a entrenar el 11 de febrero de 1972,  en el horario de lunes y jueves de 6 a 7:30 p.m.
 
También el Sensei Pedro Moreno Cadena fue su primer maestro. Sus enseñanzas no solo se limitaron a la practica de karate, si no también a las enseñanzas y obstáculos que la vida te da. El Sensei Moreno era un estuche de experiencias y vivencias en el difícil arte de sobrevivir cuando no se tiene nada y cuando hay que trabajar a temprana edad simplemente para sobrevivir. El alcohol que era la droga más consumida en esa época en todas las clases sociales, vulneró a muchos individuos, apenas adolescentes, el Sensei Moreno no fue la excepción. Sus consejos penetraron tan profundamente en el Sensei Molina, que hoy en día, se le considera abstemio.  
 
En lo sucesivo el Sensei Moreno, se convirtió en el “profeta” del Sensei Molina, término que acuñó este último (y que permanece hasta el momento actual), al dirigirse a él.

El 4 de mayo de 1972, presenta su primer examen (8º kyu). Y aun recuerda con no mucho agrado, que ese primer examen representó una mala experiencia. Su ego estaba por lo suelos al no haber desempeñado su examen como el hubiera querido. Situación que se acentúo aún más, días después, al estar en clase, cuando se hacen dos filas para realizar combate con los senseis. Primero pasa con el Sensei Iwamoto y  antes de darse cuenta, recibe una mae geri justo en el plexo solar, cayendo al suelo y paralizándose el diafragma por unos breves segundos. La “sed de aire” al intentar respirar sin conseguirlo, por que el diafragma no te responde, resulta en un miedo indescriptible y mas cuando es la primera vez. Aun no recuperado de este evento, pasa a la siguiente fila, donde le toca hacer kumite con el Sensei Pedro Moreno, el cual con un giaku Tsuki en la misma zona, lo vuelve a poner en el suelo sin aire nuevamente.
 
La pregunta que nos hacemos todos, cuando nuestra integridad es vulnerada: -“que hago aquí”-, ocasionó que dejara de ir por 2 semanas al club y en su mente estaba la palabra “renunciar”.
 
Una llamada de la secretaria del Dojo, le hizo sentir importante al principio, pues se habían tomado la molestia de hablarle  (con la certeza de que podría renunciar). No solo se desilusionó al saber que no era el único que había faltado. La mitad de los alumnos no se habían presentado a entrenar!!
 
Como una forma de estimularlos a que regresaran, le ofrecen que en lugar de entrenar dos veces ala semana, ¡puedan ir diario a entrenar!.  Al ver la oportunidad de entrenar diario de lunes a viernes, toma la decisión de dedicarse en cuerpo y alma al karate incluso entrenando en todas las clases!.
 
Pronto comienza a destacar, y aunque aún no perfeccionaba su Maete Tsuki, que le dio muchos triunfos en competencias nacionales e internacionales. Logra ganar su primer torneo en cintas verdes en Monterrey N.L. Obtiene el 1er lugar al vencer a un aguerrido  y fuerte competidor de Butoku Kai: Luis Jiménez Santopietro.

 El Sensei Moreno se da cuenta de las facultades y disposición para el karate del Sensei Molina, por lo que regresando del Torneo, intercede con el Lic. Elias LIbnic para que sea su ayudante en las clases de niños.
 
El Sensei Molina nuevamente se topó con lo que sería otra pasión: enseñar a los niños. Y como el lo narra: -“sentì que ese era mi camino. De ahí en adelante dedicaría todo mi ser a la enseñanza de karate a los niños”-, -“La disciplina de este arte marcial entre más joven se practique, constituye un pilar fundamental para ser un buen ser humano en la vida adulta”-.
 
El diario entrenamiento y por muchas horas en el dojo, y siendo cinta café, permitió desarrollar su Maete Tsuki con una velocidad y fuerza sin igual. Ninguno de nosotros evitabamos esquivar. Esto, y a pesar de que el sensei Molina daba una “señal” de cuando iba a atacar con ese golpe: Su copete enchinado lo hacia a un lado con la mano derecha, ¡ese era el momento de Maete Tsuki!. Pero entraba tan rápido y muy certero, que más de uno perdió piezas dentales al momento de impacto en la boca.
 
Como cinta café, se presenta para las eliminatorias para representar a México en el Tercer Torneo Mundial de WUKO en Long Beach, california en 1975. Compitiendo con todos los cintas negras del país que practicaban karate-do en los cuatro estilos oficiales. Shito-Ryu, Wado-Ryu, Shoto Kan y Go-Ryu, Queda invicto en kumite y kata, por lo que resulta seleccionado para representar a México en  dicho certamen.

Al no poseer la cinta negra aún, el Sensei Iwamoto lo distingue prestándole su cinta negra para el certamen Mundial. En uno de sus combates, le toca un austaraliano de 2.05 metros y 3er dan del estilo Shoto kan. Durante el desarrollo del combate, al chocar ambos competidores, por el mayor alcance y estura del australiano, el sensei Molina cae noqueado de un golpe a la cara, permaneciendo en el suelo por unos segundos. Al recuperarse parcialmente, reanuda el combate y sin estar consciente del evento, le gana al australiano con el ataque favorito de él, un Maete Tsuki a la cara. Minutos después de recuperado, el Sensei Molina es informado de su triunfo por parte del Sensei Moreno. 

 De esa acción, algunos años después,  el Shihan Manzo Iwata le realizó en un cuadro de kanjis japoneses, lo que mejor representaba la personalidad del sensei Molina; “FUT TO FUT KUTZU” “nunca se cae nunca se dobla”. Pero en ese mismo torneo, prematuramente en Cuartos de Final, le toca competir contra Murakami el campeón japonés, el cual lo elimina para después éste, adjudicarse el Campeonato Mundial Absoluto en Kumite. Por su puntuación en los combates anteriores, le dan el 5o Lugar Mundial.
 
Regresando realiza su examen para la cinta negra en noviembre de 1975. Entre los sinodales, se encuentra el Sensei Nobuyoshi Murata, Sensei Keibun Oura, Sensei Shigeru Takada y el Sensei Tadahi Iwamoto. De los 13 aspirantes a cinta negra 1er Dan, el Sensei Molina es el único que lo obtiene. Nueve obtienen Shodan Ho (precinta Negra) y tres son reprobados.

El sistema de calificación en 1975, aunque representaba la cultura del japonés en toda su esencia. Para el mexicano resultaba ser “demasiado estricto”. Si bien no se regalaban grados, de los 9 que obtuvieron la precinta negra y de los tres reprobados, solo uno superó esa prueba: y persistió hasta el final: el Sempai Victor Cuadros. El resto dejaron el karate y otros más se cambiaron de escuela impulsados por la frustración y el desanimo.
 
Si este sistema de evaluación hubiera permanecido vigente hasta el día de hoy, muy pocos Karatecas en México ostentarían los grados merecidos. A los largo de los años, aprendimos que la Cinta Negra no se gana con un examen. El primer Dan se gana entrenando fuerte, compitiendo y enseñando a todo aquel que lo solicite.
 
El examen, simplemente constituía el tramite para obtener un diploma que acreditara el grado, pero la cinta negra ya se había ganado meses e incluso años antes, como fue mi caso, donde después de 5 años ininterrumpidos practicando Shito-Ryu, me encuentro en el área de calentamiento al Sensei Iwamoto y me comenta –“pasado mañana hace examen para cinta negra”-. No fue sino hasta minutos después de un momento de reflexión, que me di cuenta que el Sensei Iwamoto, ya me había otorgando el 1er Dan en Cinta Negra!.    

El Sensei Molina, tiene el gran honor y orgullo de ser el diploma número 1 de la línea directa del Sensei Iwamoto. También es el primero de la 1ª generación de Butoku kai, que inició como cinta blanca y llegó a cinta negra. Como el alumno predilecto del Sensei Iwamoto, el sensei Molina tuvo el honor escoger entre una cinta negra con su nombre grabado o obtener la cinta negra con la que compitió en el Mundial de Long Beach.

Las estadísticas confirman su tenacidad, dedicación y entrega a las artes marciales. Fue a tres Campeonatos Mundiales de karate, ganó 3 campeonatos nacionales. Tan solo en el de abierto de 1978 (sin categorías), obtuvo el primer Lugar en kumite individual, 2º en kata individual y 1º en kata equipos (con Marco Antonio Nàjera y Alfonso Castañeda). Y en ese mismo torneo recibió de manos del Dr. Manuel Mondragòn y Kalb, Presidente de FMK como el trofeo al mejor competidor del certamen.

 En 1982, visitó dos veces Japón y estuvo en una de esas visitas, entrenando en la casa de Shihan Manzo Iwata en preparación para el Campeonato Mundial de Taiwan.  

En la Actualidad ostenta el 6º Dan en Shito Ryu. Ha otorgado el titulo de cintas negras de 1º, 2º y 3er Dan a muchos mexicanos que se lo han ganado a cabalidad, no solo por la constancia a lo largo de muchos años, sino por la disposición y la actitud en el dojo de muchos de ellos. 

A la partida del Sensei Iwamoto, el Sensei Molina fundó la escuela de Riuku Kai, siguiendo la estricta tradición japonesa de enseñanza, pero con un toque mexico-cubano: relajación y risas entre las pausas en el entrenamiento en el dojo. Situación necesaria hoy en día en la práctica de esta arte marcial, para hacer hombres de bien en todos los sentidos. Auto apodandose como “el Sensei del Amor”. Sin menoscabo de su integridad como hombre, o de las probables burlas que esto suscitara, pues sus antecedentes en combate y kata le crean un blindaje sólido, una seriedad y confianza, digno de un autentico representante Mexicano de Shito-Ryu.

Si me dieran la oportunidad de escoger otra vida diferente, la rechazarìa rotundamente. El karate do me ha dado todo lo que necesito”. 
 
DOMOARIGATO GAZAIMASH!! 

 
 
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Tadashi Iwamoto y Koji Matzuo
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Vista exterior del club Butoku Kai en el año de 1972

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Primer Equipo de Cintas Negras representando el estilo Shito Ryu con competidores de la Ciudad de Monterrey y La Ciudad de México. Destacan Pedro Moreno y Elias LIbnic.

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Segundo Equipo de combate Shito Ryu en Cintas Negras. Representado por competidores de Butoku kai  México, Monterrey y Puebla. De izq. a derecha: Luciano Valero, Jesee Canedo, Pedro Antonio Rivera, desconocido y Wenceslao Aguilar

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El Sensei Iwamoto con sus alumnos de Guatemala: Víctor Salazar y Julio García.
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Primer Examen para Cintas Negras.  Arturo Soto, Pedro Moreno, Tadashi Iwamoto, Manuel Michel, Jesee Canedo. Abajo. Rubén Calvillo, Mike Cimas y Elias Libnic.

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Recibiendo su Titulo de 2o Dan en Shito Ryu los Profesores Pedro Moreno y Elias Libnic de manos del Sensei Tadashi Iwamoto

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Combate por 1o y 2o Lugar categoria Juvenil Nacional.
Marco Antonio Nájera

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Marco Artonio Nájera 1er Lugar en Combate en categoría Juvenil Nacional

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Marco Antonio Nájera 1er Lugar en kata categoría Juvenil Nacional.

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De izq. a derecha: Sensei Tadashi Iwamoto, Elias Libnic, Sensei  Nobuyoshi Murata y Pedro Moreno.

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El Equipo Mexicano en el Tercer Campeonato Mundial de karate (WUKO), 1975. Long Beach, California. USA.

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Los 6 selccionados para el III Mundial WUKO.Couchados por el Shihan Kunio Murayama.
De Izq. a derecha y de pie. Kunio Murayama, Alfredo Castro (Butoku kai), Wenceslao Aguilar (Puebla), Cesar Molina (Butoku Kai), Elias Libnic.
Abajo: Luciano valero, Jose Carlos Alanis, desconocido.

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Sensei Takada de Butoku Kai Narvarte con Victor Salazar y Julio García de Guatemala.
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El Sensei Cesar Molina en pleno combate contra el competidor de  Australia

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Campeonato Nacional 1974, Ciudad de México
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Primer equipo de combate  representativo de Butoku Kai: De izq a der. De pie: Tadashi Iwamoto, Jaime Larragoiti, Cesar Molina  y Victor Cuadros.
Abajo: Juan Manuel Biestro, Antonio Abdala y José Maria Lebrija
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Primer y único Equipo integrado por alumnos de Butoku Kai Narvarte y División. Destacan: Victor Cuadros Cañizares y los Hermanos Hdez. Senseis Iwamoto, Takada y Matzuo
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Segundo Examen para Cintas Negras, Noviembre de 1975. Se presentan 13 aspirantes. Fila de arriba de izq. a der: Alejandro Carlòn,  Enrique Alvarado Iñiguez, Victor Vargas Valera, Rogerio Vargas Valera, Victor Cuadros Cañizares, Alfredo Castro Acosta. Abajo: Saul Alejandro Diaz de Leon,,Ffausto Valdez Villalva, , Joaquin Picazzo, Cèsar Molina Gonzàlez, Victor Ranzanz Arias, Isaias  y Julian Ramirez Vazquez Prada.

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Recibiendo Titulo de parte del Sensei Tadashi Iwamoto que lo qcredita como Cinta Negra 1er Dan en Shito Ryu.

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RESULTADOS DEL SEGUNDO EXAMEN PARA CINTAS NEGRAS EN BUTOKU KAI

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Maete Tsuki de Cesar Molina contra un competidor de Puebla apodado "La Montaña"

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Tercer Equipo representativo de Shito Ryu. de izq. a der. Joel Suarez (IButoku kai Narvarte), Eduardo Trigo (Monterrey), Rolando Sias (Monterrey), José Carlos Alanis (Monterrey), Kunio Murayama, Victor Cuadros (Butoku kai División) y Wenceslao Aguilar ( Puebla).

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Senseis Matzuo y Ota con Sandoval, Japón 2013
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© 2013